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LA REESTRUCTURACIÓN DEL HOGAR


Algunos síntomas de la enfermedad de Alzheimer, como la confusión mental y la pérdida de memoria, requieren una modificación del entorno en que vive el paciente para impedir accidentes que puedan afectarle a él o a los demás. La disposición y estructuración del espacio físico del hogar donde vive el paciente, pueden provocar a demás de accidentes un empeoramiento de los síntomas característicos de la enfermedad, como deambulación desequilibrio, inestabilidad emocional, agresividad...etc es por esto que es imprescindible crear un clima de confort, bienestar y seguridad que favorezca el mantenimiento de su contacto con la realidad, el entorno y la sociedad.

Para alcanzar estos objetivos, su espacio físico debe estar organizado y dotado de suficientes estímulos y referencias espaciotemporales, a fin de facilitar su interacción con el medio que le rodea y compensar sus déficits cognitivos y funcionales. Los cambios deben se paulatinos nunca bruscos, ya que pueden producir el efecto contrario.

Para adecuar convenientemente la vivienda de un enfermo de Alzheimer, es necesario identificar aquellos objetos y zonas de la casa que pueden entrañar un riesgo por las disminución de las capacidades del afectado. Algunos de estos lugares son los accesos, los huecos de escalera, el baño y la cocina.

Los accesos y las escaleras:

Impedir que el enfermo pueda abrir por sí mismo la puerta de la calle o de la escalera, terrazas y ventanas. Las escaleras deben tener pasamanos a cada lado. Es aconsejable eliminar peldaños y desniveles dentro de casa y sustituirlos por rampas. Aplicar colores a los cristales de las puertas y ventanas para que pueda distinguir si están abiertas o cerradas. Suprimir o tapar espacios de difícil acceso, como los bajos de escalera, los rincones o las puertas falsas. No colocar baldas o pestillos para que no pueda encerrarse. Eliminar de terrazas y balcones objetos en los que pueda subirse.

El baño:

Retirar los objetos eléctricos del baño, suprimir las allfombras, sustituir la bañera por una ducha con suelo antideslizante. Poner barras de sujeción y apoyo en la ducha. Identificar claramente los grifos de agua fría y caliente para evitar que se queme, elimine los cerrojos o la cerradura de la puerta. Guarde los detergentes y utensilios de limieza en un lugar seguro, al igual que el botiquin, simplifique los accesorios del baño. No le diga que le va a bañar, llévele distraidamente al baño.

 

La cocina:

Sustituya el horno de gas por una placa eléctrica, si no apague siempre el gas. No utilice cerillas. Retirar de su alcance cubiertos y utensilios afilados. Retirar las plantas tóxicas y las frutas decorativas que pueda confundir con comida. Hacer inaccesibles los medicamentos y los productos de limpieza. Vigilar las fuentes de calor. Tener siempre cerradas las llaves de paso del gas. Instalar mecanismos de seguridad en estufas y aparatos de gas. Desconecte todos los electrodomésticos pequeños. Es conveniente realizar estos cambios a medida que avanza la enfermedad, adaptándose a las necesidades del enfermo. Efectuarlos todos de golpe sólo serviría para desorientarlo.

 

El hogar de un enfermo de Alzheimer debe fomentar su independencia mientras le sea posible mantener su interacción social y su capacidad para realizar actividades significativas. Para conseguir este propósito:

  • No debe estar sobrecargado de muebles ni de adornos que le impidan moverse con facilidad. Valore si es posible eliminar los objetos decorativos, podrá ayudar a eliminar riesgos y le ayudarán a disminuir el trabajo de tener que estar pendiente. Así se incrementa su autonomía, se reduce su angustia y se facilita la labor del cuidador.
  • Deben evitarse los ruidos y sonidos innecesarios, como los del televisor o la radio, ya que pueden desorientarle y, además, dificultan enormemente la comunicación con él.
  • Los espejos y las superficies brillantes pueden asustarle, ya que puede no reconocerse o confundirse con un extraño. También puede no darse cuenta de si una puerta o ventana de cristal está abierta o cerrada.
  • El desorden incrementa su desorientación. Es conveniente no dejar a su vista más que objetos de uso cotidiano y procurar que todo esté siempre en su sitio. Llega un momento en el que le resulta de gran ayuda que las diferentes habitaciones de la casa, los recorridos para ir al baño o a su habitación, o los contenidos de los armarios y cajones que utiliza, estén señalizados con rótulos o pictogramas: esa pequeña modificación le ayuda a sentirse más seguro.
  • Una pizarra o un bloc que le indique las tareas que debe realizar cada día le ayudará a estructurar su tiempo y a sentirse menos desorientado. Un reloj de pared y un calendario en el que se identifique claramente el día que es, con números muy grandes y que se puedan leer con facilidad, le ayudarán en los momentos en que pueda padecer trastornos de orientación temporal.

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